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Gazette Drouot  por  Lydia Harambourg

"Fantasmagorias" 

Indefinible, el extraño mundo de Marino Vagliano retiene nuestra mirada, convida a nuestro imaginario por su fuerza de anticipación y poder para participar en sus sueños. Estamos en presencia de un artista cuyas cualidades le permiten escapar de la banalidad. El recurso a la pluma, lápiz, pastel de óleo sobre papel Canson o Arches de alto gramaje, lo acompañá en su actividad de poeta. Un cerrado entramado de líneas retiene en su malla a personajes, rostros que emergen de un azar calculado. Su grafismo parece salido de un sismógrafo a travez de una imagen fugaz de seres fantasmagóricos. Su línea llevada hasta los rincones más pequeños, explora temblorosa el blanco del papel. Los signos antropomorfos parecen venir de lejos, de recuerdos y de viajes a México donde el artista pasa parte de su vida. El color, que en sus dibujos es más bien discreto, estalla en sus pinturas. Sobre fondos rojos, siluetas retorcidas tienden a la abstracción. Nos hace pensar en insectos fabulosos, en seres tentaculares. Los fondos lisos se integran con formas en expansión cuya movilidad acompaña sus apariciones. En sus dibujos por el contrario, la línea rasga la superficie y el color matizado entra en algunos espacios. Marino Vagliano se reconoce en Chaissac y en Toledo; podríamos agregar Wols, por esta fluidez de la pintura en perpetua metamorfosis. Sus obsesivos laberintos invitan a la evasión. El arte de Marino Vagliano es onírico y engaña a todo racionalismo.

Galería Weiller, 5 rue Git-le-Coeur VII Hasra el 28 octobre. Catálogo.

 

Acerca de la exposición en Ciudad de México Marzo 2007
por Héctor Cárdenas

Sobre la lisa e impoluta textura del papel, MarinoVagliano ha plasmado unos intrincados dibujos de figuras, salidos de la libre expresión del subconsciente, que revelan la energía y espontaneidad de su propuesta. Y es que en vez de tratar de reproducir el mundo que le rodea, Vagliano nos deja en libertad para adivinar si sus obras representan objetos o personas, consciente de que no se percibe en ellas, a simple vista, ni un abstraccionismo absoluto ni una figuración disfrazada. Su imaginación exaltada rompe los límites que impone la razón para inducirnos a deambular a través de un laberinto de trazos firmes, de colores contrastantes, a veces vivos y brillantes, a veces sombríos y apagados, para dejarnos conducir por el hilo delicado y elástico de su dibujo.

 

"Marino" por Jean Marie Baron

A la vez de realizar corto metrajes de ficción, documentales sobre artistas, Marino siempre ha dibujado. Y pronto, consagrará su vida a ello. De la imagen cinematográfica a la imagen pictórica, para él no hay más que un paso: “He ganado en ello una nueva libertad. No tenía más cuentas que dar a nadie, sino tal vez a mí mismo…” La apuesta es sin embargo de otra naturaleza, más azarosa, más ambiciosa y más vasta. Si hay un milagro, está en la tentativa de dar cuerpo a una forma surgida de la nada de un papel blanco o de una tela blanca. Y este gesto primordial, sin duda heroico, es aquel del verdadero artista.

Minuciosamente, cada día, con la humildad del artesano “que cien veces frente a su oficio…”, hace un primer trazo portador de una nueva vibración. Es en este pasaje de la fragilidad a la fuerza que reside la creación. Primer trazo, primera nota de una sinfonía desconocida… Con su carboncillo, su mina de plomo, su pincel o su pastel, Marino guía, traza el camino, la evolución: “todo se hace conforme avanza. Una forma se construye poco a poco a partir de casi nada, dejando fluir el inconsciente…” Agrega: “de hecho, dibujo, pinto lo que no veo”. A veces, -lo que puede parecer paradójico en su proceder- recurre a un modelo cuyas formas lo inspiran. Pero no se trata en forma alguna de reproducir, ni siquiera de adosarse a una forma preexistente. No, es sólo un punto de anclaje, un retorno a lo real que le permite a partir de un punto repartir de cero para a continuación reconstruir.

En su taller de Choisy, bajo amplias lámparas cenitales, se instala en su mesa de madera colocada sobre un piso de cemento pintado de colores cálidos a la mexicana. Es así como trabaja. Los caballetes le servirán más tarde para observar detenidamente lo que ha hecho, con la distancia necesaria. Todo su material está al alcance de la mano y en cajones entreabiertos: rojo cadmio, negro óxido, ocre, amarillo, verde Veronese…

 

Alrededor de él, extendidos sobre la mesa o incluso sobre el piso, múltiples dibujos dispersos se traslapan: apariciones, creaturas disonantes que parecen venidas de otros sitios…

Insectos, seres humanos, extra terrestres a la vez inquietantes e ingenuos, suspendidos en los aires. Son a la vez graciosos y fuertes, macizos o transparentes e interrogantes. No se sabe si molestan o somos nosotros quienes los molestamos. Parecen decir: “ámenme como soy”. Es un fabuloso bestiario de danzantes en ingravidez compuestos de una materia que ha volado en partículas. Hacen pensar en Djinns de Victor Hugo: “Volando en el espacio vacío. Parecen una nube lívida. Que lleva un relámpago en el flanco…”

Estos seres fantasmagóricos de Marino sacuden nuestro imaginario. Sus miradas y sus sonrisas son desconcertantes, a la vez desilusionadas e irónicas. Con sus formas deformadas, sus miembros atrofiados, pese a lo que pudiera esperarse, no son jamás monstruosos.

Bien al contrario, ejercen una extraña seducción que se incrementa cuando queremos asi los. Y cuando creemos tenerlos, se escapan puesto que no pertenecen a nadie.

Que se evoque a Toledo pensando en las capas de materia de sus telas, o bien a Wols en la transparencia de sus dibujos, queda implícito pero de poca importancia.

El mundo que nos da a ver Marino es sin duda alguna otro mundo.

Nos ofrece una fluidez diferente de las cosas. El camino recorrido es aquel que va del caos a la armonía. ¡Vasto programa!, en el cual Marino desliza un ligero toque de sorna.Es el guiño del artista, la distancia que hace las cosas humanas.

Al final de cuentas, la obra de Marino le da la razón a Braque:

“El arte es una herida que se termina en luz”.

Jean-Marie Baron / traducción Eva Muñoz Ledo